Prólogo
Él no era un chico inocente. Pero tampoco podía considerar que tuviera mucha suerte relacionándose y dar rienda suelta a sus fantasías. Aunque encontraba la manera más adecuada para divertirse.
Desde hacia mucho tomo la costumbre de conocer personas por aplicaciones de búsqueda de pareja y mantener conversaciones subidas de tono. Claro que sólo se quedaba en eso, eran muy contados a los que les mandaba una foto o vídeo, o con quien llegaba a tener alguna vídeo llamada. Aunque si lo pensaba bien, sólo lo llego a hacer dos veces y por supuesto, ocultando bien su identidad.
Se sentía tan seguro de esa manera, porque no tendría que ver al siguiente día a la cara a esas personas, puesto que lo que escribía no era algo que hiciera muy seguido. Sonaba muy loco porque al hablar con él en esa manera, parecía un experto en sexo, pero lo cierto es que a sus 18 años sólo lo había hecho unas cuantas veces con su primera pareja. Y, aun así, podría aparentar ser un chico inocente, pero no lo era.
Aquella tarde, luego de haber llegado de la escuela, fue a su habitación a revisar sus mensajes. Creía que eso lo distraería un poco de lo mal que se sentía ese día, además de aprovechar para recostarse y descansar. Había ido a la escuela un tanto enfermo, pero conforme fue avanzando la mañana el malestar se intensifico a tal grado de comenzar a tener fiebre, y por supuesto tener un dolor abdominal, que a esas alturas comenzaba a incomodarle más.
Justo en ese momento, cuando el chico estaba recostado en su cama tratando de prestar atención a lo que veía, llego su tía, quien llevaba la comida ya que no había podido llegar mas temprano para poder cocinar algo. La mujer se dirigió a la habitación del chico, tocando la puerta para luego entreabrir esta y asomarse para ver a su sobrino.
—Peter, vamos a comer o se enfriara.
—No tengo hambre —dijo como si le costara hablar.
—¿Pasa algo? No te veo nada bien —se adentró un poco más a la habitación al notar ese raro tono en la voz del joven.
—Me siento mal. Tengo un dolor en el estómago. No sé, de verdad no me encuentro bien —trato de incorporarse para explicarle a su tía lo que le ocurría.
La mujer se acerco al chico, puesto que lo vio un poco sonrojado, algo que no le pareció normal. Puso su mano en la frente del menor— Cielos, Peter. Estas ardiendo —se alarmo— ¿Puedes levantarte? Debemos ir al hospital.
Peter trato de ponerse en pie, lográndolo con algo de trabajo. Enseguida salieron del apartamento para bajar donde estaba el auto y subir a este estando ahí.
Al llegar al hospital, fueron hacia una enfermera quien les pidió que esperaran un momento, para posteriormente ser conducido hacia el consultorio de uno de los tantos médicos de ahí.
El primer diagnóstico, apendicitis. Puesto que la revisión y un estudio un tanto apresurado, dio a entender eso, programaron al chico a hacer una operación para que las cosas no fueran a mayores si pasaba el tiempo.
Fue llevado a una habitación para esperar en lo que llegaba el momento de entrar a dicha sala para la intervención quirúrgica.
Mientras tanto, el doctor que se haría cargo del chico revisaba los documentos sobre el diagnostico que le fue hecho a aquel joven. Algo no le parecía lógico, por lo que antes de que dicha intervención fuera hecha, necesitaba ir a revisar por el mismo a su paciente.
—¿Qué le estas dando? —dijo en cuanto entro a la habitación, encontrándose con una enfermera.
—Oh, qué tal Doctor —saludo algo sorprendida por la presencia de aquel hombre— Le estoy dando algo para bajar la fiebre.
—Bien —dijo algo serio, coloco sus manos detrás de su espalda—. Cancele la operación de este joven —pidió de una manera tranquila.
—¿Cómo dice?
—Que cancele la operación. No podemos hacerle algo a un joven que diagnosticaron mal. Creo que se les ha pasado un detalle bastante simple, que da por hecho que no es apendicitis lo que tiene este chico. Así que, por favor, haga lo que le pido mientras yo hago como debe ser el diagnóstico —explico un tanto molesto por lo que estaba ocurriendo. La enfermera asintió ante sus palabras y salio de la habitación.
[…]
Unas horas mas tarde, y luego de algunos exámenes. El Doctor Strange le pidió a la tía de Peter que lo acompañara a su oficina para comentarle sobre el estado del chico.
—Me dijeron que ya no llevarían a cabo la operación ¿Paso algo? —dijo preocupada.
—Tranquila, todo esta bien, de cierta forma. Su hijo…
—Sobrino —corrigió.
—Bien. Su sobrino no tiene apendicitis. Tan sólo es, en pocas palabras, una infección del estómago e intestino —explico con un cierto tono de molestia por la confusión.
—Pero no es grave lo que tiene ¿verdad?
—No, tan sólo debe de hidratarse bien, y deberá tomar algunos medicamentos. Por supuesto que necesita comer adecuadamente. Ya que, seguramente debió haber comido algo que estaba contaminado, quizá no bien cocinado o lavado. Puede ser cualquier cosa. En fin, debe descansar mucho —decía mientras escribía las indicaciones y medicamentos en una receta.
—¿Eso quiere decir que ya se puede ir?
—Así es. —levanto la mirada, para luego extenderle la hoja a May— Y en una semana necesito verlo para asegurarnos de que este mejor.
La tía de Peter asintió para ponerse de pie y despedirse del doctor. Luego de esperar a que el chico se vistiera nuevamente y ayudarlo a regresar al auto, hicieron una escala rápida a la farmacia para comprar lo que necesitaba tomar el joven y de ahí fueron a casa para que Peter pudiera descansar.
Durante todo ese tiempo, desde que el chico llego al hospital hasta que regreso a su amada habitación, se había perdido por completo en sus pensamientos. Podría decirse que perdió completamente la noción del tiempo y de todo lo que paso a su alrededor. Aunque en su mente se le había grabado algo, algo que luego de haber tenido un poco mas de calma física, por el efecto del medicamento, fue que recordó esa voz. Una voz un tanto grave y que a cualquiera le podría enchinar la piel por lo sensual que sonaba. Si tan sólo hubiera podido apreciar mejor a aquella persona, puesto que, por su malestar, y algunos medicamentos que le dieron cuando lo pasaron a una habitación, sentía que su conciencia estaba un 50%, la cual apenas y pudo captar ese detalle de la persona que lo reviso mejor.
[…]
La cita con el doctor había llegado. Desde aquel día que fue al hospital, no pudo olvidar la voz de aquel hombre, fue como si lo hubiera soñado, pero estaba seguro de que de verdad lo había escuchado.
Estaba ansioso por verlo. Pero a la vez asustando, al final ¿Quién le aseguraba que no se trataba de un hombre muy viejo? De cualquier manera, cualquier cosa que pensara en un sentido negativo, no le quitaba la curiosidad por conocer al Doctor Strange, como le había dicho su tía que se llamaba.
Luego de que salio de clases, puesto que había faltado prácticamente toda la semana, a excepción de ese día, se encontró con su tía para ir enseguida a la cita en el hospital. El transcurso fue rápido, estando allá esperaron un poco y cuando una enfermera les aviso que podían pasar al consultorio. Al entrar, Peter enseguida fijo su mirada en aquel hombre sentado detrás de su escritorio, diciéndose para sus adentros que, era el hombre más atractivo que había conocido en su vida.
Durante toda la cita no pudo evitar analizar cada parte de aquel hombre. Sus mas sucios pensamientos estaban a flote y necesitaba conseguir algo con él. Por supuesto, que el Doctor no daba signos de interés alguno por él, parecía estar demasiado ocupado haciendo su trabajo. Así que tuvo que pensar rápido, teniendo la mejor idea que se le pudo haber ocurrido.
Dejar una nota un tanto misteriosa pero insinuativa con su numero de celular. Claro que, el problema era que no sabía en qué momento escribir dicha nota, y mucho menos en qué momento dejársela.
Pero, como si la suerte ese día estuviera de su lado, la ayuda que tanto necesitaba llego.
—Bien, aparentemente todo parece estar bien. Claro que recomiendo una ultima revisión, pero yo creo que seria dentro de dos semanas, para darle tiempo de recuperarte bien —decía mientras anotaba en su agenda el día de la próxima cita—. Sigue con la dieta que recomendé, y pues, eso sería todo —levanto la vista, para mirar a ambos.
Peter sintió que no podría hacer nada mas que mirar aquellos ojos entre azules y vendes, y con ciertos toques grisáceos.
En ese justo momento la puerta se abrió, dejando ver a una enfermera—Disculpen, Doctor. Pero lo necesitan urgentemente en el quirófano.
—Enseguida voy —se dirigió a la enfermera— Disculpen, pero debo irme. Pero nos vemos dentro de dos semanas —dijo a ambos frente de él en manera de despedida, para luego ponerse de pie y salir de ahí.
Dicho gesto fue imitado por Peter y May. Claro que, para el chico, el hecho de que el Doctor Strange se haya ido era la mejor ventaja que tenía, ahora tan sólo debía hacer una cosa más.
Peter espero un poco más, caminaron lo suficiente para estar lejos de la oficina de Strange. Cuando creyó conveniente que fue el momento, hablo—Espera May. He olvidado mis cosas —dijo tratando de aparentar cierto susto al no tener su mochila.
—Ay Peter, ¿Cómo olvidas algo tan importante? Volvamos por tus cosas —se dispuso a volver, pero su sobrino la detuvo.
—Espera, yo voy, no tiene caso que volvamos los dos. Seré rápido.
—De acuerdo, te espero.
El chico sonrió victorioso y corrió de vuelta al consultorio. Estando ahí, tomo sus cosas. Tuvo que actuar rápido por su alguien entraba ahí, saco rápidamente una hoja de su cuaderno, y tomo una pluma del escritorio de Strange. Escribió la nota, se aseguró de que había anotado bien su numero de celular, doblo la hoja y la dejo debajo del portalápiz de donde tomo la pluma, para finalmente salir de aquel lugar y encontrarse nuevamente con su tía.
Lo único que necesitaba ahora, era esperar y ser paciente. Y por supuesto, desear que Strange se interesara en su nota.
[…]
El día fue muy tedioso para Stephen. Claro que ya estaba acostumbrado a eso, así que tampoco se hundía en el estrés, aun cuando debía de cubrir el puesto de dos de sus compañeros que tuvieron que estaban ausentes por diferentes razones. Al principio no supo porque había aceptado hacerlo, pero al final, de cierta manera tenia tiempo. Por lo que era el indicado para cubrirlos.
Se sentó detrás de su escritorio para tener un momento de tranquilidad, recargándose en el respaldo de aquella silla. Su mirada se fijo en todo lo que estaba encima de aquel escritorio, notando algo que no recordaba haber puesto ahí. Tomo aquella hoja de papel que descansaba debajo del portalápiz, desdoblándola y topándose con algo escrito, lo cual decía:
“Doctor Strange, lo veo demasiado cansado, seguro ha tenido mucho que hacer y no me imagino lo que le quedaba por realizar. Pero ¿Adivine qué? Yo tengo la solución, y le aseguro que le va a gustar.
Si quiere saber a que me refiero, mande un mensaje a este numero 1 718 6748136
No se va a arrepentir”
Stephen medito un momento lo que había leído ¿Quién le habría dejado eso? Y, por otro lado, le intrigaba la propuesta, no lo podía negar, su curiosidad era bastante fuerte. Al final, si era lo que interpretaba, no podía negarse, hacia mucho tiempo que no se divertía un poco.
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